miércoles, 5 de febrero de 2014

Hoy hace un mes que murió mi perrita

He decidido abrir este off-topic a modo de homenaje a alguien que, a pesar de no ser una persona, fue para mí una gran amiga y un miembro más de mi familia.
Se trata de mi perrita, que falleció hace hoy un mes y todavía la echo de menos.

Kimba llegó a mi casa una tarde - noche de mediados de noviembre de 2007, cuando tenía 6 meses. Me la regaló un amigo porque sus padres ya no se la dejaban tener.

Desde el primer momento se convirtió en lo más importante para mí; pues hacía mucho tiempo que quería un perro y mis padres no cedían.
Juntas compartimos muchos paseos y mucha compañía; fueron 6 años de total entrega una con otra.

Así es; cuando murió, aquel fatídico 5 de Enero de 2014, sólo tenía 6 años y 8 meses, y ni siquera sé lo que le pasó; lo cual hace que mi dolor sea más grande.
Fue una muerte muy repentina y un duro golpe del que a veces dudo si he conseguido o no levantarme del todo.
Hasta el último día estaba perfectamente; os pongo en situación y os cuento al detalle los hechos y mis sentimientos al respecto.

Todos los días, al yo coger las llaves y la correa, se ponía en alerta e iba corriendo hasta la puerta; ya que asociaba el sonido de las llaves con el paseo.
Aquella noche del día 4 observé algo extraño y diferente, y es que al disponerme a sacarla, ya no fue corriendo como siempre; fue hasta la puerta caminando muy despacio.
Y durante el paseo, igual.

No sabía por qué tanta falta de energía de repente; pero no me imaginaba que fuese algo tan fulminante como para encontrármela muerta a la mañana siguiente al levantarme, cuando la fui a ver preocupada por cómo la había visto la noche anterior...
Mala manera de empezar el día, el año, y mal "regalo" de Reyes por adelantado.
No me puedo sacar de la cabeza la imagen de su cuerpo sin vida; lo primero que vi aquella mañana al levantarme. Me quedé destrozada.
Lo primero que pensé fue: "Ya nunca te va a volver a molestar, hija de puta"; refiriéndome a una vecina que siempre se quejaba de que supuestamente la perra ladraba mucho y que en una ocasión insultó a mi hermana; llegué a sospechar que ella me la había envenenado. 
Porque además, la tarde-noche anterior; desde la carroza de la cabalgata de Reyes, la vimos en su ventana y mi hermana se puso a hacerle burla e imitar ladridos de perro; y ella nos miró con muy mala cara y entró rápido. Por eso pareció mucha casualidad que justo después la perra ya estuviera mala.

Pero luego contando los síntomas a gente que sabe de éstas cosas, todos apuntan a que tiene más pinta de haber sufrido un infarto.
En el suelo había un poco de vómito; pero el envenenamiento tiene más síntomas aparte de vómitos.
Un amigo me dijo que al perro de un amigo suyo le pasó algo muy parecido; los mismos síntomas que yo comento: Cansancio y que luego aparece muerto. Y según el veterinario que le hizo las pruebas, lo que le pasó fue que le dio una angina; se le reventó una venita del corazón.
Y otra amiga me dijo que es muy común que éste tipo de perros tengan problemas de corazón.

Además coincidió con las fiestas; en las cuales todo el mundo tira petardos y éste tipo de artefactos causan mucho estrés en los perros.

A la mía no le hicieron la necropsia porque costaba más dinero y mi padre dijo que no; así que me quedo sin saber la causa exacta de la muerte; pero ahora que ya no hay nada que hacer, sólo espero que no haya sufrido.

La entregamos al veterinario para una cremación colectiva; por lo que ni pude enterrarla por mi cuenta (No es legal si no se tiene terreno propio), ni pude conservar sus cenizas como en el caso de cremación individual; pero cuesta más.

Me la encontré aquella mañana en su camita y en un principio pensé que estaba dormida; pero no se movió al yo dar golpes en la ventana ni al abrirla. (Ella dormía debajo de dicha ventana) 
Lo primero que me extrañó fue que no se subió a la ventana como hacía siempre, al yo levantarme y hacer algo de ruido en mi cuarto; por eso mi primera reacción fue golpear la ventana.
Al abrir la llamé y tampoco se movía ni nada. Al sacar el brazo para tocarla y notarla tan rígida, me dio una impresión muy fuerte; quedé en shock; me quedé paralizada y sin saber ni cómo reaccionar. Sólo me acuerdo de que empecé a temblar. Deseaba que aquello fuera una pesadilla de la que despertar.

Después se despertó mi hermana y me preguntó por qué estaba llorando. No sabía cómo decírselo porque ella también quería a la perrita y tiene 11 años. Fui directa al grano: "Kimba está muerta"; fue lo único que me salió y lo dije como pude; ya que tenía tal nudo en la garganta, que no podía ni hablar.

En ese momento estábamos las dos solas; pues mi padre estaba trabajando y mi madre se había ido a comprar los últimos regalos de Reyes; así que yo estaba sin saber qué hacer; mirando incrédula hacia la ventana sin atreverme a volver a asomarme, muy nerviosa y dando vueltas por toda la casa, saliendo las dos a la calle a comentárselo a unos vecinos que estaban fuera, y mi hermana fue quien llamó a mis padres y a mi abuela para decírselo.
Más tarde me empezó a doler el estómago y la cabeza, y a darme mareos.

Me sentía totalmente incapaz de volverla a tocar y cogerla; pero sabía que tenía que hacerlo para entregar el cuerpo al veterinario. Así que con ayuda de un primo y provistos de unos guantes, la cogimos, la envolvimos en unas toallas y la metimos en unas bolsas; que antes de cerrar, le agarré por última vez la patita que le había quedado por fuera de las toallas; como dándole la mano.
Antes de meterla en la bolsa; cuando la estábamos envolviendo en la toalla, vi que tenía los ojos medio abiertos y me sentí doblemente mal.
Ya cubierta, llevándola yo en brazos al coche de mi padre para ir a dejarla en el veterinario, le di un beso antes de ponerla en el maletero. Al llegar yo me quedé hablando con la veterinaria y fue mi padre quien la sacó del coche y se la entregó.

Me cuesta reponerme y en parte me siento culpable e impotente al pensar que quizás pudo haberse evitado si me hubiera dado cuenta antes de que le pasaba algo, y haber hecho algo a tiempo. A lo mejor a su manera con aquel cambio de comportamiento, quiso decirme que algo le pasaba y yo no supe entenderla.
También me siento arrepentida de cosas que no hice del todo bien. Yo la llevaba al veterinario; si a lo mejor no lo hice todas las veces que debí, era por falta de dinero; pero en casa estuvo bien cuidada y nunca falté a ningún paseo. Si alguna vez por algún motivo no podía sacarla a la hora acostumbrada, la sacaba más tarde o más temprano; pero siempre la sacaba.
Y si casi siempre estaba en la terraza era porque mi madre así lo quería; pero cuando ella no estaba yo siempre la entraba a casa.
Me da pena acordarme de cuando arañaba la puerta o la ventana de mi cuarto (Que da a la misma terraza; es un patio trasero), o saltaba dando golpes en la puerta queriendo entrar, y si estaba mi madre en casa no podía entrarla y empezaba a gimotear. Me duele por las veces que no le hice caso. 
 Si fuera por mí, la habría tenido siempre dentro.
A veces siento que no he sido una buena dueña; que podría haber dado más de mí.

Aquella noche al volver del paseo y sacarla a su patio como siempre, se quedó quieta al lado de la puerta, no salió sola como hacía siempre; así que la saqué yo. Creo que ella sabía que le quedaba poco tiempo y quería pasarlo conmigo; me duele haberla dejado sola y no haber estado.
Al rato me asomé y vi que estaba bien; le di la caricia de buenas noches como siempre, y no había nada raro. Volví a asomarme antes de dormirme y estaba echada con la cabeza levantada; aún despierta y con la mirada tranquila.
Esa fue la última vez que la vi con vida.

No me esperaba ésto tan pronto; aún le quedaba aproximadamente media vida para morir de vieja; teniendo en cuenta que los perros viven alrededor de 12 años, y ella se fue con 6 y medio.
Si la hubiera visto envejecer, me habría dado tiempo a mentalizarme de que un día no muy lejano se iba a ir; prepararme para el trance, y tal vez no sería tan duro como en este caso en que me pilló por sorpresa; de manera inesperada.
En este caso no es tan fácil asimilarlo como cuando se ve venir debido a la edad. (Que no significa que no duela igual; claro que duele de todas formas porque no deja de ser una pérdida irrecuperable)

Y es que ni siquiera pude despedirme de ella. Estar a su lado en sus últimos momentos para no dejarla morir sola; darle una última caricia antes de que se apagara del todo.
Al igual que ella siempre estuvo conmigo; incluso me concedió aquel último paseo aún sintiéndose apagada.

Sé que ya ha pasado un tiempo (Un mes exactamente)
Pero aún estoy tocada. Ya no tanto como los 3 o 4 primeros días, pero aún sintiéndome mejor, la echo de menos.
Por otra parte, a veces siento que ya lo he superado y la recuerdo con cariño y una sonrisa; pero paso por momentos en que me entra un bajón y vuelvo a derrumbarme y llorar al notar su falta y saber que nunca volveré a verla. Después de varios días sintiéndome mejor, anoche volví a llorar por ella; porque se cumplió un mes exacto del último momento en que la vi con vida y me acosté tranquilamente; sin imaginarme la desagradable "sorpresa" que me encontraría al levantarme por la mañana.


En casa todo me recuerda a ella y me agobio. Sobre todo cuando llegan las horas acostumbradas a las que siempre salíamos a pasear... Y ya no está para sacarla.
Cuando salgo yo sola y me encuentro con gente que conocí paseando ellos también a sus perros; los cuales jugaban con Kimba, se me viene el mundo encima al tener que decirles que ya no está.

Me duele no ver ni notar su presencia donde antes estaba; se ve todo tan vacío...

Tal vez ahora sea el momento de irme a la Península como tengo metido en la cabeza desde hace 2 años. Cambiar de aires me irá bien; me ayudará a superarlo más rápido.
Si me hubiera ido antes, me la quería llevar conmigo en cuanto fuera posible; por nada del mundo iba a dejarla atrás. Tal vez el no poder llevármela era lo que más me frenaba; el cariño que le tenía podía más que mis sueños. Me daba mucha pena dejarla; no quería. La echaría tanto de menos como ella a mí, los perros también sufren la separación; también echan de menos a los dueños cuando no están. Yo la echaba mucho de menos cuando me iba de vacaciones; y sé que ella a mí también. Mis padres me contaban que se ponía triste y se dedicaba a buscarme por toda la casa.

Dicen que hay que buscar el lado positivo de todo; incluso de los acontecimientos más trágicos; así que si tengo que verle algo positivo a ésta pérdida, es esto; que ya puedo irme sin pena desde que tenga la menor oportunidad; ya no hay nada que me ate a seguir en esta isla que tanto me aburre desde hace tiempo.

Aunque en parte pensar esto me hace sentirme egoísta y como si hubiera querido librarme de ella como si fuera un obstáculo; cuando nunca fue así.

Algunos pensarán que es una tontería que roza lo ridículo, que no es normal estar así puesto que no era una persona. Incluso habrá quien falte gravemente al respeto opinando que "Es de anormales llorar por un puto perro de mierda"...
Pero para mí y para muchos dueños de animales que han llegado a cogerles cariño, no era sólo un simple perro que se puede solucionar comprando otro; como si se tratara de un ordenador o un móvil. Aparte de que más que comprar, lo preferible es adoptar uno de alguna protectora o perrera. Eso es lo que haré si el día de mañana quiero tener otro; la verdad es que por ahora no tengo ganas porque llegará un día que también se morirá y no quiero volver a sufrir todo ésto.

Aparte aún vivo con mis padres y ellos no quieren más perros en casa; ya me lo pensaré para cuando me independice.

Era un ser querido; y como tal, el proceso de duelo es similar a cuando perdemos a un familiar o amigo humano. Por tanto, no me avergüenzo de decir que he llorado la pérdida; que he pasado noches sin poder dormir por éste motivo, así como días sin ganas de comer, ni de absolutamente nada, e incluso con episodios de ansiedad; notando el corazón más acelerado de lo normal.
Que por mucho tiempo que pase, siempre estará en mis pensamientos y en mi corazón.
Entre un perro y su dueño, se crean vínculos afectivos muy fuertes; a su manera te dan su cariño y su compañía; y eso, después de tenerlo durante un tiempo, el día que falta se nota.
Era lo mejor de mi casa; lo que yo más quería.

Se trata de la primera muerte cercana a la que me enfrento y toda esta mezcla de sentimientos es nueva para mí.
El dolor algún día lo superaré, pero a ella no la olvidaré nunca.

Dicen que siempre hay que quedarse con lo bueno... 

A continuación enumero los mejores recuerdos que tengo de ella:

Recuerdo con cariño y echo de menos cómo se ponía de pie sobre las dos patas traseras y aguantaba un rato así; incluso daba algunos pasos. Cuando labraba a todos los que entraban en mi habitación, excepto a mí.
Y cuando gruñía a todo el que se me acercaba. Siempre estaba dispuesta a protegerme; a veces mi madre jugaba a hacer que me pegaba, para ver su reacción. Siempre le gruñía y a veces se tiraba a morder. Una vez mi tio que vino de visita me fue a dar un beso y ella se puso a ladrarle como loca.

Cuando le dábamos algo de comida con la mano, ella lo cogía con mucho cuidado; muy tranquilamente, para no hacernos daño sin querer, como hacen otros perros al arrebatarnos el alimento de la mano con ansia.
Era muy mimosa; cuando la estaba acariciando y en algún momento paraba, pasaba su cabeza por debajo de mi mano para que siguiera. Y se subía y sentaba sobre mis rodillas a veces cuando yo estaba mirando cosas en el ordenador. Se dejaba querer por todos, mi abuela también le tenía cariño y muchas veces le traía huesos. Ella también lloró cuando supo la noticia y vino a vernos.


Esos alegres recibimientos al llegar a casa, cómo le gustaba tumbarse encima de un peluche grande que tengo en mi cuarto, el ladrar y salir corriendo cada vez que alguien llamaba al timbre o a la puerta... Siempre saludaba alegremente a todas las visitas. Si estaba fuera, se ponía a arañar la puerta o la ventana con más ansia que normalmente.

Siempre que yo salía me esperaba en la puerta; pero no sólo cuando me iba a la calle. Incluso cuando iba al baño ella me esperaba ahí al otro lado de la puerta.
Si estaba dentro de casa y yo salía al patio a tender o recoger la ropa, ella me acompañaba y luego volvíamos a entrar juntas.
Le gustaba mucho lamerme las gotitas de agua de las manos cuando terminaba de fregar, o de las piernas al salir de la piscina o la ducha.
Si estaba en el patio y yo en mi cuarto, siempre estaba tumbada en el alféizar de mi ventana, para no perderme de vista y ladraba si alguien más entraba a mi cuarto. O se asomaba a la puerta que da a la cocina, si yo estaba ahí.

Y cuando estaba en el otro patio; el de la entrada; que solía ser en verano cuando en la otra terraza poníamos la piscina, a veces saltaba la cancela y se salía; sobre todo cuando no estábamos, porque iba en nuestra busca; a veces cuando nos íbamos caminando la veíamos aparecer siguiéndonos, y la llevávamos de vuelta a casa. Cuando nos íbamos en el coche, también se salía aunque en este caso no la veíamos; pero siempre volvía y nos esperaba en la acera, junto a la cancela. Cuando llegábamos se ponía a dar vueltas alrededor del coche hasta que nos bajábamos y se venía conmigo, con miedo a la bronca de mi madre porque sabía que escaparse estaba mal.
De último también se iba cuando tenía el celo, incluso estando nosotros en casa; pero nunca llegó preñada ni le llegó a pasar nada.
Una vez atacó a un ratón que estaba en la terraza, para evitar que entrara en casa. Lo mató.
Cuando teníamos periquitos y mi madre se ponía a hablarles, ella se ponía celosa y se levantaba sobre las patas traseras para que le dijera algo a ella; también cuando mi hermana la entraba por la mañana y yo aún estaba acostada, venía directa a mi cuarto, se levantaba también y apoyaba las patas delanteras en la cama a esperar que me levantara.

Aparte de los recuerdos abstractos de momentos vividos, también tenemos recuerdos físicos: Mi hermana guardó en una caja todas sus cosas: Arnés, correa, cuencos, pelotas, etc. Yo debo tener guardado en algún sitio algún collar anterior a cuando decidí ponerle el arnés. Además, conservo su cartilla y tarjeta del veterinario, y unos pelos suyos que recuperé de la papelera de mi cuarto; pues se lo había cortado poco tiempo antes de morir.
Sólo falta el cepillo con el que siempre jugaba, y un cojín como complemento de la cama; porque mi madre los tiró.
Echo de menos incluso lo más insignificante; como sus huellas marcadas en el suelo, de cuando entraba con las patitas mojadas o cuando yo acababa de fregar.

Os cuento esto no por llamar la atención ni nada de eso; como algunos pensarán.
Simplemente es un acontecimiento que me ha marcado; que me ha causado una tristeza que me ha quitado las ganas de todo. Ganas que poco a poco voy volviendo a recuperar.


Por tanto, lo escribo en primer lugar como homenaje a ella porque se lo merece; además de por necesidad de desahogarme y porque este tipo de cosas me cuesta decirlas hablando; me sale mejor al escribir. 
Y porque vosotros; mis lectores, sois también mis amigos y con los amigos se comparte todo; tanto los buenos como los malos momentos. Como compañeros zurdos que somos, nos lo compartimos absolutamente todo; tanto lo que tiene como lo que no tiene que ver con nuestra particularidad.



Invierno


Recién pelada para pasar bien el verano.



Recién bañada.

En el peluche donde siempre le gustaba tumbarse.





D.E.P  Kimba   06-05-2007 --> 05-01-2014 

Ahora tengo en el cielo un angelito de 4 patas, al que he querido dedicar un pequeño espacio de mi blog a modo de homenaje.

Vivió poco tiempo, pero fue suficiente para brindarme todo su cariño y ganarse el mío.

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